Nací en el Camino del Norte, en el Bilbao industrial de mediados de los setenta, pero no fué hasta el 2006 que realicé mi primera etapa con Leire Leunda,  amiga vasco – venezolana de la infancia y con Natalia Fandiño, amiga venezolana – gallega con la que disfrutaba de escapadas al Parque Nacional El Ávila de mi querida Caracas y las montañas de la Venezuela que me vió crecer. Así inició nuestra peregrinación a Santiago, patrón de los gallegos y también de los bilbainos, de hecho la catedral de Bilbao lleva su nombre.

Ir al monte es algo que los vascos llevan en la sangre. El haber crecido en Venezuela me dió la oportunidad de conectarme con la Cordillera de los Andes en la capital Caraqueña y los alrededores de Boconó en Trujillo, mientras muchos veranos disfrutaba de los montes vascos con la familia o los amigos del campamento.

El Camino del Norte tiene la magia de poder disfrutar de la montaña con la brisa del mar y en su mayoría disfrutando de sus vistas. Fácil no es, difícil tampoco, es cuestión de llevar tu propio ritmo. La recompensa al final de cada etapa casi siempre es una playa, un río o una piscina donde refrescarse los pies o darse un chapuzón en el agua. Muchos dicen que es como una montaña rusa por sus subidas y bajadas. Yo las prefiero en vez de la monotonía de ir en plano, además duermo mejor.

El Camino en la comunidad autónoma vasca desde Irún hasta Bilbao tiene sus retos, casi siempre subes dos montes desde nivel del mar. Hay variedad de ofertas de alojamiento desde albergues, campings, hostales y hoteles. En nuestras primeras etapas llevamos nuestra propia tienda de campaña por si los albergues estaban completos y menos mal porque al ser tres se dificulta el tema de alojamiento, fué una gran ventaja. Distribuímos y nos turnamos el peso entre las tres, dos llevaban comida y utensilios y la otra la tienda de campaña.

En el primer día desde Irún hasta Donosti – San Sebastián, siempre comento que la magia de Pasaia – Pasajes es cruzar en barco al otro lado. Disfrutar de “Albaola” donde construyen una réplica de barco ballenero y para aquellos que vieron la película “Camino Voyage” , fue donde los peregrinos irlandeses que fueron por via marítima desde irlanda a Santiago hace pocos años, dejaron a custodia su “Naomhóg” a los vascos por un tiempo. Después viene lo interesante, mis famosas “escaleras al cielo”, con unas vistas increíbles del monte Jaizkibel que acabas de dejar detrás, la desembocadura del río, el faro y mejor seguir mirando para abajo porque parece que nunca terminas de subir. Al llegar a la cima sigues disfrutando las vistas del mar para llegar a un mirador del monte Ulía y visualizar las playas, montes y el casco antiguo de Donosti- San Sebastián.

El Camino desde Irún hasta Bilbao es del estilo, con subidas empinadas y descensos fuertes pero con otra recompensa a parte de las vistas, su gastronomía, lugares históricos culturales y religiosos únicos. Hay zonas de la provincia de Guipuzkoa donde hablan poco castellano y domina la lengua vasca.

Una vez entrando a la zona de Cantabria, pasando por Asturias y hasta llegar a Galicia, aunque también seguimos con los ascensos y descensos, hay muchos tramos de carretera, que ahora son menos transitadas que hace unos años debido al desvío del tráfico a la autopista. Hay que tener mucho cuidado. Pero aún así, la brisa marina, la combinación de los tonos azules – turquesas a la derecha y los verdes a la izquierda de los Picos de Europa, es algo que en otros caminos no se puede disfrutar.

Ya en Galicia dejamos atrás el mar y hay que tener cuidado con el cambio de sentido de la concha en las señales del camino y fijarse bien en las flechas que las acompañan, ya que es uno de los motivos por los que muchos peregrinos se despistan en la ruta y toman dirección contraria. Experiencia propia.

Etapa a preparase es la de Baamonde a Sobrado dos Monxes. No hay mucho alojamiento a lo largo de esta etapa y nosotras que veníamos desde Vilalba con la idea de dormir en Miraz después de unos 30km de recorrido, debimos continuar hasta Sobrado dos Monxes bajo un calor de casi 40 grados, poca sombra, poca oferta de servicios y una zona peligrosa de carretera donde recuerdo cláramente como nuestros bastones se clavaban en el asfalto casi derretido. Tuvimos que caminar más de 60km ese día y como nosotras otros peregrinos. Fué el único día que no hubo necesidad de una ducha de agua caliente y ninguno de los más de cuarenta peregrinos hizo ruido alguno al apagarse las luces en el Monasterio de Santa María de Sobrado, estábamos agotados.

Al salir a Sobrado dos Monxes nosotras continuamos por la ruta señalada hasta Arzúa y allí juntarnos con muchos peregrinos ya que el Camino del Norte se junta con el francés. Ahora se que desde Sobrado dos Monxes se puede continuar por otra ruta y juntarse al sobresaturado Camino Francés más adelante.

A partir de Arzúa los ascensos fuertes acaban y Santiago de Compostela está mucho más cerca. La emoción de la peregrinación da una energía increíble, que el último ascenso antes de Monte do Gozo, casi todos la suben corriendo para visualizar la catedral y culminar la peregrinación con la debida visita al sepulcro del Apóstol Santiago y el abrazo de agradecimiento al Santo antes de un merecido descanso en la plaza del Obradoiro junto con más peregrinos a disfrutar de la vista de la Catedral de Santiago de Compostela.

Oihana Trojaola

Artículo publicado en Shamrock and Shells. E-Zine de Camino Society Ireland.

https://shamrocksandshells.wordpress.com/2019/03/03/camino-del-norte-mi-primer-camino/