Después del verano de 2012, viviendo en Irlanda y con ganas de realizar otro Camino, decido hacer el Camino Inglés en el 2013.

Este Camino fue realizado no sólo por ingleses sino por irlandeses, detalle que no muchos conocen. Los irlandeses navegaban hasta Ferrol o Coruña y por esas vías peregrinaban hasta Santiago de Compostela desde épocas medievales. Hoy en día el Camino Celta consiste en realizar algunas rutas de peregrinación en irlanda de más de 25km mínimo y luego se continúa por el Camino Inglés de Coruña a Santiago unos 75km (Oficialmente aprobada en Santiago hace pocos años).

Siendo hija única y sabiendo que mi madre quería hacer el Camino en algún momento después de contarle mi experiencia del Camino del Norte, le planteé la idea y decidió animarse con tres condiciones: ir a su ritmo, buscar quien le trasladase el equipaje y reservar el alojamiento con anterioridad. Cada peregrino hace el Camino a su estilo. Yo tengo empatía y acepté ir a su ritmo encantada de la vida, mi madre no es de andar por el monte y se que sería un esfuerzo físico para ella. Mi padre se ofreció a acompañarnos y así hacer el traslado de equipaje en el coche mientras nosotras caminábamos.

El 2 de junio de 2013 fuimos a St.James Church (iglesia de Santiago) en Dublín para sellar nuestras credenciales en la sacristía. Pasamos por St. James Gate (puerta de Santiago) en la fábrica de Guinness, que era el punto de donde peregrinos irlandeses se despedían de la ciudad después de recibida la bendición en la iglesia de St.James.

Santiago es el patrón de Bilbao y su día se celebra en esta ciudad con historia peregrina y donde se encuentra la otra Catedral de Santiago que existe en el Camino.

El 25 de julio de 2013, día de Santiago y un día después de un fatídico accidente de tren llegando a Santiago de Compostela el día anterior; continuamos nuestra peregrinación participando de una pequeña procesión en Bilbao hasta la Catedral de Santiago. Allí le oramos al Santo para que nos acompañase en el Camino.

Procesión de Santiago – Bilbao, Euskadi.

El 29 de julio fuimos en coche desde Bilbao hasta Ferrol. Al llegar a la ciudad gallega, fuimos a la dársena de Curuxeiras donde se encuentra el monolito que indica el comienzo del Camino y sellamos allí nuestras credenciales para iniciar parte del Camino y dormir un poco a las afueras del centro de Ferrol.

Inicio del Camino Inglés – Ferrol, Galicia.

El 30 de julio hicimos la etapa de Ferrol hasta Pontedeume. Al pasar el Monasterio de San Martiño de Xubia se pueden ver a parte de la señalizacion de la concha, la de un ojo rojo que indica la ruta hacia el santuario de San Andrés de Teixido (“donde va de muerto, quien no fue de vivo”) que también recomiendo visitar.

La ruta se divide unos kilómetros más adelante, a la izquierda San Andrés, a la derecha Santiago. Continuamos hacia Neda disfrutando de las vistas entre pistas y agua, bajo un cielo azul despejado. En Neda sellamos nuestra credencial en el albergue e hicimos nuestra primera parada de bebidas y baño mientras disfrutábamos de la sombra ya que el calor empezaba a notarse.

En esta ruta hay algunos puntos de intersección peligrosa de carretera, para luego adentrarnos a un tramo de pista entre eucaliptus que refrescaban el ambiente para caminar. También encontramos muchos tramos de “desvío provisional” que nos indicaban muy bien la ruta a tomar para continuar el Camino.

Al divisar la playa de La Magdalena bajo el sol que apretaba cada vez más, mi madre se emocionó mucho, ya que le había dicho que una vez en la playa, ya sólo nos quedaba cruzar el puente y llegar a Pontedeume. No le hizo mucha ilusión saber que faltaban otros 3km más y creo que se le hicieron eternos.

Llamé a mi padre y y le pregunté si había algún lugar abierto para comer nada más cruzar el puente. Mi padre estaba esperándonos del otro lado del puente y allí mismo comimos. Mi madre un buen plato combinado de lomo con patatas y espárragos acompañado de su cerveza Estrella Galicia, y yo un plato combinado de lomo con patatas y croquetas acompañado de un aquarius de limón, mi bebida isotónica típica post-camino.

Después de recuperar la energía y cambiarnos el calzado, mi madre y yo nos fuimos a sellar nuestras credenciales y paseamos por el casco histórico de esta villa medieval. Visitamos la plaza del Conde, el Torreón de los Andrade y por supuesto, la iglesia parroquial de Santiago al final de la cuesta! Al terminar nuestro recorrido fuimos de paseo con mi padre hasta la playa de la Magdalena en donde descansamos en la arena y refrescamos nuestros pies en la orilla.

El 31 de julio hicimos la etapa de Pontedeume hasta Betanzos. Día de San Ignacio, festividad que siempre solemos celebrar en familia. Preferí no recordarle a mi madre el perfil de la ruta, era casi todo cuesta arriba, pero ella ya se la había estudiado. Salimos con mucha niebla. En Miño nos llamó la atención los naranjos que se encontraban en la calle muy cerca de la iglesia de Santa María de Miño. La iglesia estaba cerrada, así que continuamos hasta la policia local y después de esperar nuestro turno, sellamos nuestras credenciales para continuar hacia Ponte do Porco donde me llamó la atención la escultura del cerdito con la cruz y el escudo de Galicia.

Al llegar a la iglesia de Pantaleon das Viñas por carreteras comarcales muy tranquilas, mi madre divisó los primeros dos peregrinos con los que nos cruzábamos en el Camino, los cuales iban a un ritmo muy rápido y no pudimos ni llegar a saludar.

Mientras caminábamos entre viñedos, huertas con cebollas, vainas y maizales, nos aparece en un cruce del Camino un aldeano llamado Don José y nos pregunta de donde somos. Le decimos que venimos de Bilbao, pero que mi madre nació en Venezuela. La emoción del aldeano jubilado fue increíble, estuvimos casi 30 minutos hablando con él y escuchando sus historias de la época en la que Venezuela le acogió de jóven y le dió trabajo de por vida hasta jubilarse y regresar a tierras gallegas. Ganamos un nuevo amigo y terminó despidiéndose de nosotros como Pepe, bueno nos despedimos nosotras porque debíamos continuar camino, así que allí dejamos a Pepe esperando a ver si pasaban otros peregrinos que hablaran castellano para para darles la bienvenida y ánimo de seguir el Camino.

Mi madre conversando con Don José.

Mis botas empezaron a hacer un ruido extraño y al revisarlas me doy cuenta que la suela de la bota izquierda se estaba empezando a separar. Me entró el miedo de pensar que tendría que usar mis zapatillas de deporte ya que prefiero siempre caminar con botas de monte. Así que continuamos hasta Betanzos con el ritmo musical que marcaba mi bota. Entramos por la Porta de Ponte Vella, una de las cinco de la antigua muralla de Betanzos.

Hice la respectiva llamada a mi padre y quedé con él para ir a almorzar juntos ya que habíamos llegado antes de lo previsto. Mientras, subíamos los últimos metros y llegar a la plaza de los hermanos García Naveira, sellar nuestras credenciales y encontrarnos con mi padre.

Mi padre nos invitó a comer muy cerca de la plaza en un restaurante, mesón pulpería. Comimos pulpo, cigalas, pescado fresco y chuletitas de cordero. Al terminar, fuimos a cambiarnos y le dije a mi madre que la llevaría al Parque del Pasatiempo que fué costeado por los hermanos García Naveira tras regresar de Argentina en 1893.

Después del parque habíamos quedado con Jorge y Patricia, unos amigos gallegos – venezolanos que viven en Sada y por también había que probar las famosas tortillas de patatas de Betanzos. Todas las iglesias hoy estaban cerradas, así que rezamos fuera de ellas.

Parque del Pasatiempo

El 1 de agosto hicimos la etapa de Betanzos a Hospital de Bruma. Ya las piernas sentían los kilómetros recorridos, pero con ánimo comenzamos la etapa más dura del Camino después de un buen desayuno. El mercado se estaba organizando en la plaza y nos llamó la atención una máquina dispensadora de leche fresca, donde llevando tu botella la rellenabas y pagabas por ella.

Dura etapa cuesta arriba y muchos tramos de carretera, pero disfrutamos de libélulas azules, los tradicionales hórreos gallegos, maizales, árboles frutales y muchas flores.

Paramos en el área de descanso al lado de la parroquia de Santa Eulalia de Leiro, que también estaba cerrada. Allí nos refrescamos, comimos algo y mi madre emocionada vió otros cuatro peregrinos que nos impulsaron a continuar, aunque en menos de diez minutos los perdimos de vista en San Tomé de Vilacoba, Santuario de San Paio, que también estaba cerrado. Continuamos al ritmo de mis botas, que ya no era una sino eran las dos suelas las que se estaban rompiendo.

Al llegar al albergue en Bruma, la hospitalera olvidando la importancia de la acogida peregrina y no muy amable, no quería sellarnos debido a que el albergue estaba lleno, había un coche esperándonos afuera y porque no dormiríamos en el albergue. Le explicamos que mi padre nos llevaría al hotel a dormir, que sólo necesitábamos el sello y le podía enseñar las fotos de todo nuestro recorrido caminado. Al final de malas maneras selló nuestras credenciales. Mi madre se dió cuenta que había muchos peregrinos y no sólo los seis que habíamos visto por el camino y que quizás al día siguiente saliendo aún más temprano podríamos coincidir con más peregrinos.

El hotel quedaba literalmente al lado de la carretera, así que no había mucho que ver. La comida casera del restaurante del hotel fue muy abundante. Como dice mi padre, si hay camiones, es porque los camioneros comen bien. Recuerdo como nos trajeron a la mesa un puchero entero de sopa de fideos para comer la cantidad que quisiéramos y un filete con patatas que se salía del plato de lo grande que era. Decidimos descansar y cargar fuerzas para el día siguiente y rechazar la oferta de mi padre de llevarnos en coche a algún sitio para pasear porque estábamos cansadas.

El 2 de agosto hicimos la ruta de Hospital de Bruma a Sigüeiro. Mi padre nos llevó en coche al punto de continuación de nuestro camino. Ya la etapa más dura había pasado pero los kilómetros se van acumulando en el cuerpo. Hoy era casi todo cuesta abajo, aunque las subidas no podían faltar. Nos juntamos con otros tres peregrinos en San Paio de Buscás pero al entrar a sellar en un bar, ellos continuaron y nos quedamos solas nuevamente después de intercambiar unas breves palabras al sacar fotos de la iglesia.

Continuamos por la carretera y luego nos adentramos a una pista donde le indico a mi madre que se avecina lluvia al ver unos nubarrones grises aproximarse rápidamente. Nos llovió escasos diez minutos y una vez que escampó, decidimos descansar un poco en una campa y comer algo.

Mi madre, el pollito remojado.

Nos encontramos con otro grupo de cuatro peregrinos que iban en familia, los padres y sus dos hijos adolescentes, que estaban tomando un descanso y que al continuar ruta nos adelantaron y los perdimos de vista después de unos breves minutos de conversación peregrina.

Recorrimos un area de pinares, muy organizada y cuadriculada que a mi madre le pareció interminable pero que según nuestra guía, al salir de ella ya estábamos muy cerca de Sigüeiro. La necesidad de ir al baño de mi madre era cada vez mayor y no es de las que suele estar mucho en contacto con la naturaleza , pero después de tanto líquido, había llegado la hora de “des-aguar” como me dijo una vez un peregrino.

Logré conseguir un área protegida para mi madre después un buen rato ya que ninguno le parecía adecuado, hasta que le dije que yo no aguantaba más y que ella podía esperarme, pero claro, la necesidad apretaba y no le quedó más remedio.

A mi madre casi le da un infarto cuando unos metros más adelante había un cartel que decía algo así como “peligro gases inflamables” , menos mal que yo ya había ido al baño porque sino allí mismo me hubiese mojado los pantalones.

Entre risas salimos del área de pinares y llegamos a una zona de casas, una carretera y una parada de autobús con un banco y un techo, donde mi madre se sentó cansada y me dijo: “yo de aquí no me muevo, llama a tu padre y que nos venga a buscar”.

Al revisar mi guía, le leí la información que decía que al entrar a la zona del polígono industria, veríamos la sede de la televisora local que era de color amarilla y sólo quedaba poco más de un kilómetro para finalizar la ruta.

Mi madre no se movía y yo no quería llamar a mi padre porque sabía que estaba muy cerca. Le dije a mi madre que caminaría unos metros subiendo una pequeña cuesta a ver si divisaba el polígono industrial, eso hice y después de unos escasos 25 metros vi justo al otro lado la sede de la tv. Se animó entonces y llegamos a Sigüeiro.

Mi padre que había parado a comer en un restaurante en la carretera antes de llegar a Sigüeiro, al decirle que ya habíamos llegado y teníamos hambre, dejó la comida a medias en el restaurante, les indicó que volvería con nosotras. Llegó en menos de 10 minutos, nos recogió y volvimos al restaurante a comer.

Después de comer, volvimos a Sigüeiro al hotel y a sellar nuestras credenciales. Yo que tenía la intención de utilizar la piscina del hotel que tenía unos jardines muy bonitos, me quedé con las ganas debido a la lluvia. Otro día de iglesias cerradas y de caminata al ritmo de mis botas que cada vez tenían menos suela.

El 3 de agosto recorrimos nuestra última etapa desde Sigüeiro hasta Santiago. Sellamos nuestras credenciales al salir del hotel. La niebla era bastante densa y como en la guía indicaba que el primer tramo sería al lado de la carretera, decidí ponerme el chaleco de visibilidad e ir por delante de mi madre por seguridad vial.

Niebla mañanera típica de galicia.

Entramos en una pista muy bonita de eucaliptus y continuábamos con la niebla que poco a poco desapareció. Ibamos a buen ritmo en la última subida antes de divisar Santiago. Mi madre tenía ganas de pasar por Monte de Gozo pero el Camino Inglés entra a Santiago por otro lado y se quedó con las ganas, pero le dije que podíamos ir por a tarde con mi padre.

En el polígono industrial pocos kilómetros antes de llegar a la catedral, se juntaron con nosotros un grupo de tres peregrinos y con los que conversamos hasta de llegar a la Catedral.

Mi madre divisó el punto kilométrico 1.500 y apuramos el paso. Divisamos las torres de la catedral a las 11:20am, mucho más pronto de lo que esperábamos.

Llegada a la Catedral de Santiago de Compostela, Galicia.

Llamamos a mi padre y no podía creer que ya habíamos llegado y quedó en encontrarse con nosotras dentro de la Catedral porque nosotras íbamos a hacer la cola para dar el abrazo y visita al sepulcro de Santiago, lo que yo considero el kilómetro cero y final del Camino.

Después de la visita y rezar por los niños de “Aoibheann’s Pink Tie” (APT) que es la fundación nacional de niños con cancer en irlanda y por quien estaba haciendo también el Camino para recaudar fondos a su beneficio, acudimos a la Oficina del Peregrino para recibir nuestro último sello en nuestras credenciales y solicitar nuestras Compostelas.

Recuerdos en Memoria de las víctimas del accidente de tren del 24 de julio de 2013.

Después de recibir nuestras Compostelas fuimos a la plaza del Obradoiro para sacarnos fotos con la Catedral y nuestras vestimentas rosas en memoria de APT . Me impresionó la cantidad de velas y recuerdos que había en las rejas de acceso a las escaleras del Pórtico de la Gloria, en memoria de aquellos fallecidos en el accidente del tren el 24 de julio.

Con mi madre y mi padre en la plaza Obradoiro, frente a la Catedral de Santiago de Compostela, Galicia.

Después de comer, fuimos al hotel, descansamos, nos cambiamos y fuimos a Monte de Gozo para complacer a mi madre. De allí fuimos a casa de unos amigos que viven en Santiago y celebraban las fiestas de su barrio. Cesar celebraba con su familia y Vicky, a quien conocí en irlanda y donde surgió nuestra amistad. Disfrutamos de la calurosa acogida gallega y hasta lechugas frescas recogidas de la huerta por el padre de Cesar nos llevamos a Bilbao.

Monte de Gozo con nuestras credenciales selladas.

Fue un camino especial, como cada uno de los que hago, con experiencias únicas e increíbles que viví con mi madre y que no hubiese podido vivirlas de otra manera, con un poco de tristeza de ver iglesias cerradas y un poco decepcionada viendo que mi madre se quedó un poco desanimada del espíritu peregrino al cruzarnos con muy pocos de ellos.

Con el padre de Cesar, Cesar, Vicky y mis padres celebrando las fiestas del barrio.

También debí invertir en un par de botas nuevas, las que tenía cumplieron su función y llegaron a Santiago…ya no daban más.

Mis botas después del Camino.