El 2 de agosto de 2009 llegamos a Santiago de Compostela desde Bilbao en coche. Nos recibió Cesar, en aquel entonces novio de mi amiga Vicky (ahora están casados), a quienes conocí en Irlanda unos años antes.

Cesar como amigo y buen gallego, nos abrió las puertas de su casa. Dejamos allí el coche y nos presentó a sus padres. Allí Doña Lola nos preguntó cuantos días caminaríamos y nos dijo que nos daría algo de comer para el Camino, y vaya que si nos dió, la verdad que Leire y yo nunca imaginamos recibir semejante bienvenida y festín para nuestro Camino.

Agradecimos con vergüenza todo lo que Doña Lola iba metiendo en una bolsita para tener energía en el Camino, mientras puedo escuchar a Cesar diciéndole a su madre “suficiente, que tienen que cargar el peso en la mochila”, bueno, algo parecido pero con acento y expresión gallega que no recuerdo exactamente. Nos despedimos y nos dijo que el día de llegada a Santiago nos recibiría con una buena comida.

Cesar nos llevó a un sitio que el consideraba especial para visualizar la ciudad Compostelana y la Catedral. Y lo era. Recuerdo que mientras disfrutábamos de las vistas, llamó Vicky, pues quería saber si habíamos llegado y desearnos Buen Camino.

Cesar nos acercó entonces a la estación de autobuses, donde tomaríamos rumbo a Vilalba para dormir allí y continuar nuestra última ruta del Camino del Norte al día siguiente.

Al llegar a Vilalba decidimos cenar, bueno aquello fue un festín. Nos chupamos los dedos de tanto manjar y así tomamos fuerzas mientras aligeramos un poco la carga.

Al llegar a Santiago, como Doña Lola nos había prometido, nos ofreció una cena casera que fue otro delicioso manjar. No había prisa ya que nos quedamos allí a dormir. Una acogida gallega de 5 estrellas en donde nos abrieron las puertas de su casa y además los padres de Cesar nos dieron productos de su cosecha y sus animales … desde lechugas, ciruelas, huevos, queso y delicioso pan gallego !

En Agosto de 2013, después de hacer el Camino Inglés con mi madre y siendo las fiestas del Barrio de Cesar, fuimos a darles una visita. La acogida de la familia fué exactamente igual, aunque faltaba alguien especial de la familia.

Allí pasamos un buen rato con la familia y terminamos con más regalitos frescos de casa, que mi madre con vergüenza como me ocurrió a mi años atras, recibimos muy agradecidos. Unas lechugas frescas y una docena de huevos, todo orgánico como dirían hoy en día pero sobre todo con sabor de “acogida gallega”.