Por María Esther Solabarrieta.

Todo comienza a finales de 2016. Oihana, la mayor de mis sobrinas, me invita a hacer el Camino de Santiago por la Ruta Portuguesa con ella y su Ama en la primavera de 2017.

Oihana lleva ya años haciendo el Camino por diferentes rutas. Que yo recuerde ha hecho la del Norte (con su amiga Leire que en paz descanse), la Inglesa (con su Ama), la Portuguesa (sola y ahora se anima a llevar a su Ama y a una Izeko, en definitiva dos rémoras).

A mí me hizo muchísima ilusión su invitación, así que comencé a darle vueltas a los pros y contras. En la balanza pongo como negativos: La edad; las tres hernias discales, el peso en la espalda (mochila); el miedo a las ampollas que se me pueden producir en los pies. Y como positivos las ganas de hacerlo, aunque solo sea una ruta, pues siempre he querido descubrir si lo que se siente tras hacer el camino es tan maravilloso como lo que me tocó vivir hace muchísimos años, cuando era joven, al atravesar la Gran Sabana Venezolana para subir al Roraima y descubrir que no es una meseta sino un laberinto de rocas con desfiladeros pronunciados donde habitan especies únicas de orquídeas, plantas carnívoras, etc. y donde las vistas de aquella Gran Sabana son difíciles de describir. Es algo imponente.

Así que después de darle vueltas y más vueltas decido seguir el consejo de Iñaki, mi marido, “El tren pasa una vez en la vida. Te subes o no. Tú decides”. Lo hice y estoy encantada de haberlo hecho. Merece la pena. Me dí cuenta de la tremenda suerte que tuve cuando era joven de haber recorrido la Gran Sabana y ahora de mayor el Camino de Santiago por una ruta muy adecuada para nuestra edad.

De la intendencia no me tuve que preocupar de nada. Entre mi cuñada que hizo las gestiones del pasaje para llegar al punto de salida y Oihana que nos organizó el traslado de las mochilas y todo lo que necesitábamos llevar, lo único que tenía que pensar era si tenía lo necesario o no. Así que lo primero que hice fue comprarme unos zapatos adecuados y empezar a moldearlos, lo cual logré haciendo todos los fines de semana caminatas con Iñaki por los alrededores de la Ría de Bilbao. Para el resto de la equipación revisé los armarios de Iker y Naiara, nuestros hijos, y allí conseguí todo lo que necesitaba, así que ya estaba lista. Solo faltaba llegase la fecha elegida

El domingo 28 de mayo de 2017 fue día de viaje.

Maitena y yo salimos de Bilbao vía Santiago de Compostela.

Allí tomamos un autobús, parando en Vigo para reunirnos con Oihana que viajaba desde Dublín y seguir hasta Tui lugar desde el que comenzaremos nuestro Camino de Santiago por la ruta portuguesa.

Esa tarde la dedicamos a visitar Tui. Todo está muy cuidadito y hay detalles preciosos por todas partes, llegamos a la Catedral de Santa María de estilo románico y gótico con un pórtico muy bonito y de ahí por la orilla del Río Miño a la Capilla de San Telmo, santo dominico del siglo XIII. Llovía, preluido de lo que nos iba a acompañar nuestro inicio de Camino. Es primavera y las flores están en su apogeo. Nunca había visto unas hortensias con un color azul tan intenso, precioso. De ahí a las Galerías Caracas, que nos trajo tantos recuerdos a las tres y finalmente conocer por dónde íbamos a empezar y cuánto tiempo necesitaríamos desde el Hotel Colón donde dormimos.

Lunes 29 de mayo de 2017.

Primera etapa: Tui – O Porriño. Tenemos por delante 18,7 kms prácticamente llanos.

Nada más empezar comienza a llover, así que a ponernos los pantalones de lluvia y el chubasquero. Nos encontramos con los primeros peregrinos. Una pareja de alemanes que hacían lo mismo que nosotras.

A los 9 kms llegamos a Magdalena y allí en el medio de la nada decía vending. En el jardín de una casa la dueña ha montado “O Chiringo”, un pequeño negocio de lo más simpático. Te ofrecía fruta por 0,50€ la pieza si es grande y si es pequeña el mismo precio pero por dos piezas; te sellabas el pasaporte del peregrino; podías escribir en el libro del visitante; ir al baño en un etxekit habilitado para tal fin; tomar café con leche, bebidas, bocadillos, etc.

De ahí y bordeando el Louro pasando por la Capilla de San Carpio, a Oihana le pica una avispa en el dedo y aunque se saca el aguijón, se le empieza a hinchar. Nos dirigíamos ya a nuestro destino cuando nos encontramos con la Taberna Tía María que tenía un inmenso escudo del Athletic, así que a parar. El que lo regentaba era de Barakaldo. Le hizo muchísima ilusión y nos dio una tapa de empanada de carne, que estaba fantástica y nos dio fuerzas para continuar.

Ya en O Porriño y por indicaciones de un buen amigo gallego, que había hecho la misma ruta una semana antes, fuimos al Bar Liceum a comer la tosta de atún con pimientos de piquillo que picaba lo suyo. Mereció la pena probarla.

Visitamos la Capilla del Cristo de la Agonía, nos fotografiamos frente al Ayuntamiento con la estatua de su autor Antonio Palacios, arquitecto porriñes y con el perro sin flores, tipo Puppy de Bilbao, que allí estaba.

Martes 30 de mayo de 2017. Segunda etapa: O Porriño – Redondela. Nos esperan 15,2 kms con una zona de subida bastante pronunciada.

Al poco de empezar hay que cruzar la carretera nacional 550. Es bastante peligrosa. Afortunadamente los conductores se la conocen y están muy atentos.

Tras llegar a Mos y reponer fuerzas comenzamos a subir hasta Santiaguiño de Antas para luego bajar hasta O Muro. Es la parte de la etapa más dura y además el sol aprieta. Veíamos Redondela y parecía que estaba muy cerca, pero no llegábamos nunca.

Hay muchas personas peregrinas. El albergue está a tope. Por donde camines reconoces a los que están igual que nosotras. Es muy agradable. La gente se para, pregunta, comenta y a Oihana que le va la marcha de preguntarle a todos y hablarles de cualquier cosa está en su salsa.

Coincidimos con la preparación de la celebración del Corpus Christi.

Adornan las calles con alfombras hechas de flores.

Es algo muy curioso y bonito. Gente de todas las edades, fundamentalmente mujeres, deshojan las hojas de las ramas y los pétalos de las flores para preparar las alfombras que cubrirán las calles del pueblo este año.

Miércoles 31 de mayo de 2017.Tercera etapa: Redondela – Pontevedra: 18,2 kms. Hoy nos espera dos escaladas. El día se presenta soleado.

Desayunamos en una cafetería que tiene una máquina registradora antigua que aún funciona. Muy curiosa y bonita.

Tras pasar por el Hórreo de Esparrafada del siglo XVIII-XIX y superar otro cruce en la carretera nacional, llegamos a Arcade. En este tramo del camino nos encontramos con dos butacas, una pared de conchas entre las que estaba una que ponía “Venezuela libre (27 mayo-2 junio de 2017)”, una panorámica de la Ría de Vigo muy bonita y cuando hay que cruzar la carretera el puesto de Susi quien nos comenta que este año hay mucho peregrinaje y que ese día había tenido mucha gente. Mientras nos comíamos un plátano y Oihana le pedía a la chica sus datos de “Conchas del Camino” para comunicarse con ella pasaron por allí un grupo de belgas y un irlandés.

Atravesamos el puente Sampaio, puente de piedra precioso con tajamares angulares sobre el río Verdugo y al final de él nos topamos con una señora mayor que vestía una bata de paño llevando una caja con la imagen de la virgen, seguramente a la casa de otro vecino.

Seguimos nuestra ruta hasta llegar al bar Oasis cuyo regente, Manuel, tiene dos paneles llenos de fotos de la gente que pasa y se para en su chiringuito. Lo más curioso de este sitio es el baño. Por fuera hay dos puertas (la de damas y la de caballeros), pero cuando entras no hay pared divisoria entre ambos espacios.

Pasada la Capilla de Santa María tenemos que optar si seguir el camino por la carretera o hacerlo por el río. Optamos por el río y aunque es un poco más largo merece la pena, el ambiente es mucho más bonito y agradable. El sonido del agua relaja y mucho.

Ya estamos en Pontevedra. Nos duele hasta el pelo. Hace calor. Menos mal que el sistema de “sin mochilas” está funcionando perfectamente. Gran invento.

Jueves 1 de junio de 2017. Hemos superado el ecuador de la ruta. Hoy toca Pontevedra – Caldas de Reis, 23 kms. Hasta el momento vamos muy bien. El día está nublado, se agradece.

Atravesando el puente del Burgo sobre el río Lérez, nos dirigimos a Pontecabras y de ahí a Santa María del Alba. Esta parte del camino es muy agradable, primero junto al río y después entre viñedos, pero cuando ésto se acaba comienza lo bueno ya que empiezan las cuestas, no hay vegetación, el sol está en pleno apogeo. Cuesta dar un paso.

De pronto nos volvemos a encontrar con los canadienses que estaban en un cobijo donde el dueño había instalado una máquina con bebidas y un tupper con galletas deseando al peregrino buen camino. Curioso.

Llegamos a Caldas. Inmediatamente a la fuente termal donde pusimos los pies a remojo y después a la fuente donde hay que poner las manos en el agua que sale hirviendo y hay que rezar un padre nuestro y un ave maría en tiempo record.

Como hay que probar de todo nos vamos al circuito termal del Balneario Acuña de donde salimos renovadas.

Viernes 2 de junio de 2017.Caldas de Reis – Padrón: 18,5 kms. A estas alturas ya no nos asuntan los kilómetros. Mañana fresquita lo cuál se agradece. En las ventanas de la escuela hay carteles deseando buen camino en diferentes idiomas, entre ellos en euskera: Ondo ibili. Hace mucha ilusión.

Tras pasar Santa María de Carracedo, que se cree pudo ser una iglesia románica ligada a los peregrinos, nos dirigimos a San Miguel de Valga.

Se empieza a notar que Santiago está cerca. El camino hoy ha estado muy concurrido y aparecen botas, sombreros, flechas en los árboles, piedras con mensajes, makillas, etc. que van dejando los peregrinos de recuerdo. Casualmente en las noticias dicen que el mes de mayo ha sido el mes record de peregrinos, con 35.345 compostelanas. Un 7% más que mayo de 2016.

Oihana nos cuenta la historia del Pedrón de Padrón y nos pone de rodillas para que lo contemplemos bien.

Al parecer es una ara (altar) romana de piedra que sirvió para amarrar la barca donde llegaron los restos de Santiago y que dio nombre a esta localidad.

Visita al Convento del Carmen y el Museo de Rosalía de Castro.

Me entero que nos están siguiendo por Facebook pues Oihana va dejando diariamente pistas, así que nuestro camino es un secreto a voces. Ya no tenemos que contárselo a nadie. Menos trabajo.

Sábado 3 de junio de 2017. Hoy es el día. Sexta y última etapa: Padrón – Santiago de Compostela: 25,2 kms. Hoy toca escalada. La mayor parte del trayecto es subiendo.

Primera parada en Rianxeira. Hoy hay overbooking en el camino. Todos queremos llegar al botafumeiro y se nota que el paso es mucho más ligero.

A la mitad del recorrido, en Rua de Francos, nos encontramos con un personaje muy curioso que viajaba en bicicleta con toda la casa a cuestas y que había recorrido ya 1.000 kilómetros. Venía haciendo la ruta del sur y la vía de plata y ya estaba de regreso a casa.

Los lugareños nos comentan que cada año aumenta el número de peregrinos.

A lo lejos divisamos las torres de la Catedral y la Noria pero todavía faltan 8 kms que se hacen interminables. El repecho final, la subida del hospital parece que no se acaba nunca y de pronto te encuentras en el cruce por donde entras a la parte antigua de Santiago.

Cuando llegamos a la Plaza del Obradeiro frente a la Catedral tuve la sensación de que no había caminado absolutamente nada. Fue una sensación muy extraña.

En ese momento la gente ofrece el camino a algún ser querido, o simplemente se acerca a la valla para colocar una cinta con un mensaje.

Coincidimos con una chica venezolana que ofrecía el camino solicitando “Democracia para Venezuela”.

Ya solo nos faltaba ir al botafumeiro y a recoger las credenciales.

Nos fuimos a comer, a buscar la Compostela y el comprobante de que habíamos recorrido 119 kilómetros y el funcionamiento del botafumeiro lo vimos en la Misa mayor del domingo 4 de junio de 2017, día de regreso a casa.